Georgina Canifrú Candia


(Viña del Mar, 1978)


Bibliotecaria Documentalista de la Universidad Tecnológica Metropolitana.
Ha publicado “Vacío Animal” por Mantra Editorial, 2009. El 2008 participa en el III Encuentro de Poesía Latinoamericana Actual “Poquita Fé”. El 2003 obtiene el Primer lugar en el Segundo Concurso de Poesía organizado por la Facultad de Humanidades de la UTEM. El 2000 recibe la Beca para la Creación Poética de la Fundación Pablo Neruda.


Menciona a:


Eugenia Brito

Malú Urriola

Gastón Sobino
Marcelo Arce

Julieta Marchant

Rafael Rubio

Antonio Silva

Florencia Smiths

René Silva
Manuel Illanes

Sergio Alfsen
Humberto Díaz Casanueva
Jorge Cáceres
Vicente Huidobro


Poesía:
De “Vacío Animal”

YO HUYO COMO EL DOMADOR INEPTO
SOBRE MUÑONES CORRO
SIN VOLTEAR LA VISTA
SIN DESPLEGAR LAS ALAS

El salmo de las manecillas


"tú eres una ciega
no ves que es el infierno esta habitación estrecha esta cama, este viento" Eugenia Brito

El salmo de las manecillas
explotando en cada segundo
contra las vueltas eléctricas que el zancudo
con otro intervalo
da en este cuarto sin tiempo ni deseo

Yo me golpeo también con su fuga
en la ventana sin salida a la noche
se agitan las aguas de mi pecho
que no alcanza la orilla y sus diamantes
donde no podrá el junco florecer en el riachuelo

Mis extremidades se proyectan en el muro
en el vacío de esta caverna sin llama
dentro del globo de la noche
es mi rugido que rema eternamente silencioso
son mis monstruos
los que tejen en silencio
ciegos
y negramente sordos


Domador inepto


Cuando aparecen sus ojos en mis ojos
huye el corazón en la estampida
de mi por el desierto
cabalgando pardo entre otros
hacia lejanías sin regreso

Cuando aparece su lengua en mi lengua
mi grito es una gota que desaparece en el bebedero
donde observo encorvada
en el corrugado oleaje de este pozo incierto
como extienden sus alas negras en el pozo del cielo

Las palabras buscan dentro de sí
pero ya no tenderé mi mano en la marioneta

El desierto me coloca el traje del caballo
es ese pelaje el que guarda mis raíces verdaderas



EN EL ALBA MI PECHO RUGE
COMO EL TIGRE DENTRO DE SUS LLAMAS NEGRAS


Insecticida


Hace días que tengo en el cuerpo
tu perfume de insecticida
adherido a las escamas
luminosas en la profundidad de las yardas

En mi cuerpo
tu perfume de insecticida
entrando en las vellosidades de la lengua
en las papilas de la estrella no moriré

Y en efecto he distorsionado el olor de la mañana
inclusive el tiempo con su humedad
envuelta en todas las miradas somos felices
se convierte el cuerpo
en el origen del primer pétalo
y es necesario establecer el olor de la primavera

El olor arenoso de la piel de la mula
el olor de los ojos del caballo que no cabalga libre
pero no huye
el olor de la loba volviendo náufraga al Reloncaví
el olor del puma mientras corre y en el sendero
aparece la estrella
y brilla

Tu perfume de insecticida
en el cuerpo yo tengo

Entre las alas del insecto está cautivo el paisaje
pero él no escucha el salmo del grillo

El bosque el bosque no es verde
y la fogata aún no se ha encendido
el cuerpo entonces es una llama azul
que desaparece entre las aguas
es sin olor el paisaje
sin pasto en los ojos de la cabra
no se trata de un insectario en los bancos de la escuela
ellos reviven en la oscuridad del sueño de la niña

es sin paisaje
pero sin paisaje
sin olor
ladran los animales
pero no descubren la corta distancia
que les es señalada para ahogarse en el mar
o para internarse en los pastizales




Pero podremos huir
porque sé que podremos huir
cuando se establezca nuevamente
el olor de aquello sin nombre ni lugar


Prisionera


Nos cuentan dos veces al día
uno
dos
tres
digo once

Con la mirada en mi archipiélago lejano él me saluda
convicta de la sombra que despega del pensamiento
me desprendo también en una forma sutil
y el latido se hace innecesario
para todos los actos que sostienen la tierra

Residente perpetua
no saldremos del contorno de los ojos ahogados
pero he comenzado a avistar el dorso de mi pensamiento
el gesto de mi cuello asciende
y me vuelvo loba que aúlla

De la trompeta crecía el musgoso nido del océano
el viento nos meció tantas veces
el sueño entonces se desprendió de la barca
y cuando llegamos nadie nos esperaba en la fogata entumecida
convicta en la galería que sólo especta el paisaje

Amada definición inaccesible
acertijo de aire
acertijo de sonido
de piel desaparecida en los montes
que un día fueron profundos

En mi corazón habita un dragón que quema en el alba
una fogata primitiva ilumina caminos de sangre
yo veo la fogata del cielo con los ojos abiertos
pero la expansión invertida me provoca derrames de
murciélago

Despierto en un cuerpo que no conozco de antes
el pelaje ahora es otra piel
en esta agua que me cobija del cielo
que me cobija de tu mirada hiriente
de la bala en tu lengua
Siempre corrí por el sendero descalza
y no me siguieron apareados por la noche los lobos

No fijaba la mirada en cosa alguna
el paisaje no era paisaje
todo pertenecía ya a mis ojos cuando en una cruz
me lanzaba sin sumergirme
en aguas que eran aire
en cielos que eran desiertos
en araucarias de leopardo

Y las huellas en el lodo eran iluminadas
por la luna del propio cielo que era el propio desierto
y el propio aire
que era la respiración y su origen



MI CORAZÓN ES UNA NIÑA BORRACHA
QUE NO VUELVE MÁS A CASA




Florencia Smiths


San Antonio, 1976.  
Profesora de Castellano y Licenciada en Educación 
Universidad de Playa Ancha de Valparaíso.  
Ha publicado El margen del cuerpo (Editorial Fuga, 2008), La ciudad No (Editorial Economías de Guerra, 2009) y La velocidad de la caída (Ediciones Inbubicalistas, 2015).


Mis elecciones son:
-Malú Urriola

-Pablo Paredes

-Elizabeth Neira
-Juan Carlos del Río
-Bruno Vidal
-Roberto Bescós
-Ximena Rivera

-Marcela Saldaño


POESIA:

Las Muertas



Tú me vas
Tú me vas a venir a decir
Tú me vas a venir a decir a mí
Que estoy prestada
Que no puedo parir
Ni por la boca
Ni por el vientre
Que no puedo hacerme la renuncia
A mi debilidad
Que no puedo asomarme a esa casa
Morbosa
Donde la muerte hizo de su cuerpo
Un hijo de ninguna vida
Donde justo en el centro de la herida infecta
Me esta creciendo una plaga que no se parece a ninguna de las mil
Y esa ruina
Me esta llenando una palabra entera por dentro
y al mismo tiempo me esta perforando
Justo ahí
Donde nada de mí se parece a nada de ti ni de nadie
Tú acaso
Alguna vez
como nula vez
me vas a venir a decir
Que tengo la voz hecha un hilo
apenas un silbido de páramo desierto
apenas un cuchillo y una tocadura accidental
y que si no fuera por esta sordina de voz que me queda
No podría reconocérseme el silencio nefasto que aguardo
Porque estoy prestada
Porque no sé decirme dejar de expeler así
Porque no sé darme de comer cuando hace frío
Porque no sé abrigarme cuando nadie me conoce
Porque no sé mentirme cuando los hechos están abiertos ante mi
Porque no sé colmarme si apenas me soporto
tampoco sé sostenerme si malamente me paro en amargo
Porque no sé cantarme la duda tal como viene
Porque no sé conducirme sin estos gestos pesados de la mente
Porque no conozco la adaptación sino a un margen
Porque no puedo soslayarme ante mis huidas
Porque no puedo ocultar la marca que castiga a mi cuerpo
y sin embargo me ato el paso
y sin embargo me cuezo la demora sin irme
Porque no convengo decir atenerme deberme obedecerme
En alguna parte del resto del miedo
Ese cadáver y ese mundo
mal se leen
Porque no doy altura ni asco suficiente
Para dejar de expelerme así
Para dejar de manifestar esta arcaica sola manera
Para dejar de estar siempre
en la parálisis
en la fractura
en el hueso desfasado
en el frío tarde y atiborrado de surcos
Y me doblo
Tan tensa como me soy me doblo
y sé guardarme
Aunque a veces me sobrevenga el riesgo de partirme
me doblo y me incomodo y pareciera que fuese a quedarme así en el desajuste
y sigo ensayando hasta hincharme y endurecerme
y quizá mutilarme sin verme
mientras tú
Tú vas
Tú me vas
Tú me fuiste a decir
Tú me quisiste
decir
que No
que esta parte mía
como ajena me es
no saca no corta no duele no aguanta
cuando se la golpea
Tú me hiciste decir
que yo lo quise
que sin mí no habría catástrofe
y yo, Catástrofe
y el crimen
y mi ancho paladar abierto
y mis costillas duras
y mi aliento suicida
y mi parte mas abierta
se borrarán de una memoria debilitada cuando amanezca
Tú me hiciste repetir
que no
Que sin mí ni mi suceso
No habría cárcel de carne
No habría ventanas selladas ni puertas descerrajadas
Que sin este porte ni este género
No habría las ganas
De más
Es por esto que ahora vienes
Te allegas sosteniéndome en las muñecas
Y así
Toda cosida como estoy
No te hablo
No sé hablar cuando tengo la lengua rota
Y nadie se acerca para abrirme
Para que salga esa espera
Esa tortura
Esa palabra que me creció hinchada
Y que dice No
Que se dice No
Que se sabe No
Que se inventa No
He de aprender a darme
A mentirme
A abrigarme
A decirme
A cantarme
A conducirme
A definirme
Esos son verbos que nunca olvidamos
Es sólo que la historia nos hizo suponerlo
Es solo que no estaba contemplado demorarse
Ni que el día de hoy nos dieran en llamar
Las Muertas


Hay niños


Hay niños bajitos que aprenden a estirarse en cuerpo y mente como un equilibrista del fuego elástico en las sienes
Hay niños de pelo oscuro que impulsan a las neuróticas a campos de dulces concentraciones y torturas
Hay niños de gestos torpes que no saben prender bien el cigarrillo de la mujer pero que al quemar poco a poco el dedo índice le encienden una hoguera de recíproca fugacidad
Hay niños atentos educados como orfanatarios en donde asienten a las más mínimas órdenes sean estas sexuales o no
Hay niños pulsionados y llevados a torrentes por sus vasos coagulados de puro gesto
Niños que buscan hombres y mujeres para sentirse menos solos para sentirse bien amados hasta cuando amanece bien temprano y se dan cuenta que la piel se les está arrugando
Hay niños que altos en su compostura implantan una mirada definitiva en las cortezas de los ojos de otras niñas
Ellas se ilusionan porque piensan que los niños altos con el pelo revuelto miran así para siempre y las arrojarán a sus brazos como testigos impávidos de asesinatos múltiples
Hay niños grandes de manos de pianista en alguna pauta perdida niños de uñas blancas casi transparentes como sus palabras desperdigadas en el ocio de una noche borracha
Los silencios de esos niños ángeles son como costritas que se posan leves en la epidermis del deseo y las niñas ancianas osan tocar las escamas como evidenciadas ante un acontecimiento elemental de suspicacias
Hay niños que temen un poco cuando se les ama
Hay niños que piensan que las citas a medias en bares de hoteles no tienen más destino que escribirlas en cuadernos antiguos y a cuadros
Hay niños profanos y fugaces, emancipados en las fiestas de sus magnetismos eternos
Hay niños blancos de cejas castañas que alimentan pasiones de niños en la fuga de un cuadro en el punto de una coma existencial
Hay niños amados que uno sin conocer ya está adorando y cuando llegan
Las miradas son la comprensión de una letanía imposible e inigualada de tanto esperarla
Hay niños bellos como la prisión de los bosques a cierta hora
Niños que acuden a los sueños porque sus cuerpos están hechos de inconsciencia pura
Hay niños suaves y viajantes en los ojos de los trenes en la noche a punto
Hay niños que cuando abrazan resquebrajan y mutilan quietamente la presión de la muerte en la espalda tensionada
Hay niños cruentos veloces displicentes asombrosos cuando hablan
Hay niños de todos y de nadie
Niños que se dominan solos y que nadie sabe controlar porque no son predecibles como el frío en los dedos y en los huesos
Hay niños que dicen te quiero lento y bajo
Hay niños malcriados y hermosos que ciegan al sol con sus movimientos retardos
Hay niños que he visto que he tocado que he coloreado
Pero nunca había conocido a un niño hecho de ángel a oscuras
en la cofradía de las especies
en la lubricación de palabras que vienen no sé de dónde
nunca así había desde niña sido embebida por un niño de-mente
que en su locura lógica determinara los rasgos de las huidas y los bordes traspasados
hay niños ciertos
pero de tan inmensos la falsedad asoma sin querer en sus textoscuerpos


Teresa

A Teresa Carrasco


La pequeña muerte no espera El pequeño fin que has puesto a dormir entre tus cosas Las cenizas de un lamento que más de alguna vez rasgó tu historia La carterita negra que me entregaste y que habías hecho tú porque pensabas que yo también estaba de duelo Ahora que escribo este subrayado sobre tu nombre No me convenzo de todo este tiempo entre derivas La voz y tus instrumentos Los libros posibles y el grito que decía ¡Láncelo ahora! –por mi propio libro- como una orden que ahora me llega tal cual entre truenos y envergaduras La lluvia medrosa que desgana mi sangre se hace agua Teresa no hay muerte Teresa no hay miedo Teresa no hay deuda Teresa no hay más Yo te seguía viendo en imágenes desclasificadas Y unía tu estampa a la época más devotamente hermosa en que he morado mientras dolía Porque en esos tiempos fuiste madre Fuiste también nuestra madre Y éramos tres hermanos que teníamos dos madres Y a veces éramos cuatro y cinco y seis Y teníamos dos madres y pocos padres Y algunos que se habían muerto y otros que ya ni siquiera habitaban nuestros nombres Y hoy me llega la noticia de esta Tu pequeña muerte Y eres la niña que avanza entre el aire de la música y el aire de la risa Y entonces veo tu cuerpo delgado guarecerse de esta lluvia y luego me digo que la vida no puede llegar a ser la culpa que nos amarra el cuello Porque cuando invadíamos tu casa tú estabas contenta Y porque tal vez en esta pequeña casa tuya Al fin puedas encontrar el sigilo de tu nombre o de tu búsqueda Mujer de las manos fuertes La del rostro antiguo que refulgía en cualquier oscuridad musitada La del andar lento y liviano entre banderas de humo La del pelo largo que arrinconaba a las sombras Y se debatía entre soledades y euforias de largo bagaje Late en tu silencio y en tu falta Son las flautas traversas y los niños Es la bulla de que no estés fumando y cantando a cualquier hora -abriendo las ventanas- Es el momento en que has llegado a despedirte Mi madre almidonada No esperes más la estocada de ningún acorde Los hombres hace tanto ya dejaron de corresponder con estas heridas No te lances en el trueno Vete al mar Yo te sigo viendo y mis hermanos Van a pintar en tu pecho lo que no espera Vamos a escribir hasta el cansancio en nuestras muñecas Que no estamos separados Que algún día nos reuniremos como siempre Que las pequeñas muertes nos hacen más grandes Y que venimos del duelo del parto de la renuncia del no saber decir Y del no saber estar cuando alguien llama y se nos fuga Se nos borra la presencia El nombre se nos borra Con esta partida Otra se nos borra Con este desparpajo de no saber marcar los números del teléfono Por no juzgar Teresa Por no saber Por torpeza Por desidia Por sentirnos tan solos Como tú en ése momento Niña de los amores y sus compases quebrados Pequeña nación de pasiones desiertas Pequeña mi pequeña muerte Mi pequeña trampa de vida Mi pequeña mancha de sol