René Silva Catalán



René Silva Catalán (Santiago, 1971)
Egresado de la carrera de Publicidad de la Universidad de Santiago Chile, ha sido invitado a varios encuentros de poesía dentro y fuera del país, recibe el Primer Lugar en género Poesía en la 15º Versión del Concurso Literario de San Bernardo año 2008 con el libro “Anatemas”, que luego publica en Editorial Fuga el año 2009. También ha realizado trabajos como gestor cultural y como diseñador gráfico para otros escritores. Es uno de los organizadores de Descentralización Poética.

Nombra a:

Oscar Saavedra
Elvira Hernández
Alejandra del Río
Felipe Ruiz
Manuel Illanes
Eduardo Leyton
Ana Montrosis
Georgina Canifrú
Marcelo Arce
Angela Barraza


POESÍA:

INTELECTUS

Ahora ya sé quien soy
el prójimo de las escrituras
__________sin agua ni merced
__________me llamaron varón

Un graffiti cualquiera en la pared que imagina
dibujar lo que fuese
menos a Dios en una sola O

Ahora ya sé quien soy
mujer madre nunca pontífice

No soy

La súplica mal leída y alucinada
del Padre Nuestro al morir____no

Soy quien se arrodilla
ante el nacimiento ante la muerte ante la resurrección
ante la bronca del pan y del vino.


BROTES
 
Hemos arrendado un balcón de tranquilidad
Mi hija mi mujer y yo____________vecinos
a un sol que aparenta ser de confianza

Angelito al que le hemos puesto en vez de aletas cuatro plantas
para que no intente volar este invierno
 
El más veterano un ficcus___el masón de la casa_    _el quijote
un filodendro de cejas anchas que vigila siempre al ojo de buey
para no abrir de golpe_____________ _a una canción de amor
 
Por mi costado__________________ _un gomero chiquillo
que no aspira a cristianizarse ni a un macetero más amplio
aunque le metamos a la fuerza cápsulas de fertilizante

Por último
jadeando sus brotes a la constelación de Musca
______________________ un helecho huacho

Lo miro hincharse a las cero dos y veintisiete
la madrugada________ _jardín del insomnio
 
EN LA VENTANA
 

Desnudo como un cráneo de sol
lanzo murmullos de nubarrones
______________   _y a tientas
fecundo el cuello pálido de la luz

Un bocado en ella se traga la agonía
________________ _en los charcos
imágenes cansadas
 
La lluvia se detiene
sumergida en el aullido
y en la tribuna de mis ojos
descubro el rosario de mi madre

En la ojera de la luna
________     transita

un cigarrillo
y el gorrión de barniz
picotea un orificio en la metáfora

Mientras yo
escribo para el salario de la tarde.

SEPTIEMBRE TRES
 
Levantarse / sentir / compararse / mirar
detrás / mi amor / preciosa hija / pronto
sudor / bañarse / acaso la muerte / frío
incontable / tenso / el pc / virus / castigó

Vestirse / abrigarse / otra mañana / el horizonte
no tenía idea / existe la nieve / el bus / la gente

Paine____Buin___Linderos__San Bernardo

Desciendo / el trabajo / de nuevo / el saludo / río / un apretón / engaño
la torta del Paypas / no tomo jugo / el pan con cecinas / me llamas
vida / dame espacio
un afiche / cuerpos quebrados / el mail
rechazar algunos / ingresaron / diversos / un beso tía

Las dos / las llaves / almuerzo / una revista diabólica / olvídalo
tengo sueños / corrijo / contesto / te amo madre
la invitación / otro bingo!!! / la firma / el disidente / meo
pinchazo / un bastonazo / arrojo / la empanada / ya me voy / nuevamente

San Bernardo__Buin______Linderos________Paine

La gente / el bus / las estrellas / sin horizonte
la muerte / acaso / bañarse / mi amor / te amo hija / soñando
mirarse / curioso / tengo canas / solitario / con Cristo / me duermo

Feliz Cumpleaños

Jorge Teillier


nació en Lautaro, el día en que murió Gardel, el 24 de junio de 1935, y murió el 22 de abril, Día Mundial de la Tierra, de 1996.


Selección de Carmen Avendaño 

En la secreta casa de la noche

Cuando ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche
a la hora en que los pescadores furtivos
reparan sus redes tras los matorrales,
aunque todas las estrellas cayeran
yo no tendría ningún deseo que pedirles.

Y no importa que el viento olvide mi nombre
y pase dando gritos burlones
como un campesino ebrio que vuelve de la feria,
porque ella y yo estamos ocultos
en la secreta casa de la noche.

Ella pasea por mi cuarto
como la sombra desnuda
de los manzanos en el muro
y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua
para una fiesta de ángeles perdidos.

El temporal del último tren
pasa remeciendo las casas de madera.
Las madres cierran todas las puertas
y los pescadores furtivos van a repletar sus redes
mientras ella y yo nos ocultamos
en la secreta casa de la noche.


Poemas del país de nunca jamás, 1963

XX

Quedé solo en medio de un bosque.
El bosque ya no me reconocía.
Hermanos y amigos partieron
hacia los cuatro brazos del horizonte.
En la lejanía encendían fogatas en círculos de piedra.
Me senté junto a una hoguera a punto de extinguirse
sin poder recordar
cuales eran las piedras de donde nacía el fuego,
esas piedras que me enseñaron a frotar
una mañana de caza.
El bosque se estremece soñando
con los grandes animales que lo recorrían.
El bosque cierra sus párpados
y me encierra. 

Crónica del forastero, 1968


Bajo el cielo nacido tras la lluvia

Bajo el cielo nacido tras la lluvia
escucho un leve deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que la felicidad
no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,
esa luz que aparece y desaparece,
en el oscuro oleaje de los años
lentos como una cena tras un entierro.

O la luz de una casa hallada tras la colina
cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

O el espacio del silencio
entre mi voz y la voz de alguien
revelándome el verdadero nombre de las cosas
con sólo nombrarlas: “álamos”, “tejados”.
La distancia entre el tintineo del cencerro
en el cuello de la oveja al amanecer
y el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta.
El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,
y las alas plegadas de una mariposa
sobre la cumbre de una loma barrida por el viento.

Eso fue la felicidad:
dibujar en la escarcha figuras sin sentido
sabiendo que no durarían nada,
cortar una rama de pino
para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,
atrapar una plumilla de cardo
para detener la huída de toda una estación.

Así era la felicidad:
breve como el sueño del aromo derribado,
o el baile de la solterona loca sobre el espejo roto.
Pero no importa que los días felices sean breves
como el viaje de la estrella desprendida del cielo,
pues siempre podremos reunir sus recuerdos,
así como el niño castigado en el patio
encuentra guijarros para formar brillantes ejércitos.
Pues siempre podremos estar en un día que no es ni ayer ni mañana,
mirando el cielo nacido tras la lluvia
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua.
Melusina

Infiel como el ala de los pájaros infieles,
Tu siempre serás mía:
Los eucaliptos sangraban,
Un caballo ciego fue a agonizar entre los rieles
Porque no quería ver el fin de nuestro amor
Mientras se marchitaban los dedales de oro sembrados por un loco,
Tú siempre serás mía,
Infiel como el ala de los pájaros infieles.

Para un pueblo fantasma, 1978


tras releer a Li Tai Po

a Jaime Valdivieso


Cornejas en Temixco. Y un cuervo blanco
en mi bolsillo. Cornejas chillan en Temixco.
Fue hace tres años. Y ahora cuento
que alguien me ha traído a Miguel Claro
un aroma de copal y Día de Muertos en Pátzcuaro
y campesinos velando a medianoche
bajo la llovida tumba de los antepasados
conversé bajo el níspero cuyas hojas
embriagan dulcemente
el añejo sol del paso del invierno.

Me gustaría atrapar un cuervo blanco
y recordar los pasos de los caballo de Hernán Cortés
frente al puente de tu casa.
Me gustaría ver el rostro de esas muchachas rubias
como hojas reaparecidas en la hiedra del viejo Pedagógico,
y nuestras caminatas por los senderos del Ñielol
y el Puente de los Mellizos.

“Pero no quiero cubrirme de plumas
ni que mis ojos se tornen cuadrados”.

Mi castigo es no querer sobrevivir la inmortalidad.

El molino y la higuera, 1993



Viendo Casablanca donde Lorenzo Peirano

Rick el ¨Boss¨
no recuerda en dónde estuvo anoche
y yo tampoco.
Lorenzo Jr. me pide que en vez de escribir
me coma los papeles en blanco.
(Debo llamar por teléfono
pero no me acuerdo del número de ningún teléfono).
Hoy día murió Modugno
“Ciao, ciao bambina, non ti scordare/ vorrei trovare parole nuove/
ma piove, piove sul nostro amor”.
“Bueno, uno entre y otro sale”.
“El mundo siempre acoge a los amantes”
Eso escuchaba decir Ingrid a Boggie.
“Todo se derrumba y nos enamoraremos”.
“el país está lleno de traidores que buscan un líder”.

Siempre tenemos que hacer algo
mejor de lo que en verdad tenemos que hacer.
Estamos en un mundo
donde siempre podemos ser detenidos por sospecha.
Los alemanes han perdido todas las guerras que iniciaron
y también sus discípulos
a pesar de que imiten su paso de ganso en parques con olor a chicha y a fritanga.

¿Cómo habla un Boss?
¿Habrá ñoquis hechos en casa?
¿Por qué Miguel Antonio no quiere salir del corral?
¿Hablaremos del pazzo Campana
o de la bella suicida Antonia Pozzi?
De ellos nos traerá noticias
el armado Padrino Volpe.

Hasta luego, hasta luego.
Voy a juntarme con Montale y Dora Markus
en la Casa de los Aduaneros.

“Toca otra vez Sam”.
Tal vez todo no es más que una simple melodía
y nadie debiera recordarme.
“Toca otra vez Sam”.

Molino del Ingenio, diciembre 4/95

En el mudo corazón del bosque, 1997


Alexis Castillo Jordán




nace en Linares el 08/12/1975. Es Licenciado en Lenguas y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile. Fue miembro fundador de la revista de literatura Pájaro Verde, hoy desaparecida. Ha participado en talleres con Gonzalo Millán, Alejandra Basualto y Javier Bello (centro cultural de España y Universidad de Chile respectivamente). Ha participado en diversas lecturas (toma cultural Pablo de Rokha años 200, 2001, 2002, lectura en casa de la cultura de Linares año 2005, y lectura proverbios para paranoicos en la Universidad de Chile año 2009).Tiene dos libros sin publicar: Me inicié en los bares y Bitácora del tigre y se encuentra trabajando en uno que tentativamente se llamaría El desarreglo de los sentidos.


Afinidades electivas:

Javier Bello
German Carrasco
Leonardo Sanhueza
Francisco Véjar
Rodrigo Olavarria
David Villagrán
Renato Fuentes
Manuel Illanes
Matías Ellicker
José Luis Rodriguez Jara
Marcelo Guajardo Thomas
Verónica Jimenez


Poesía:


Me inicié en los bares

para los amigos reales e imaginarios en las lides etílicas

Me inicié en los bares a eso de las seis

cuando sólo tenía diecisiete. Me inicié
por los confusos caminos del alcohol
antes que las brasas de la tarde se apagaran.

Y la costumbre se hizo rito sagrado
y la palabra una suerte de trueque
y la vuelta a casa un tambalearse feliz
bajo las pálidas estrellas de la noche.

Me inicié en los bares y así pasé mi juventud
gastando tiempo en cosas sin sentido
o con la mueca del tedio cuando no había
una buena cerveza para terminar la jornada.

Llegada la mañana fue difícil
asumir que nos perdimos en los bosques del licor
cuando la niebla del invierno fue densa
y no pudimos ver las huellas de la ruta.

Me inicié en los bares a eso de las seis
de tarde en tarde pasé horas junto al vaso
con la risa del que nunca termina de asombrarse
y el saber que todo expiraría de un momento a otro.

Entonces siempre fue bienvenido el penúltimo vaso
para brindar por la vez primera en que llegamos al bar
a eso de las seis cuando teníamos diecisiete
y las brasas del atardecer aún no se apagaban.

Aeropuertos


Brizna sobre el chaleco verde de la niñez.
Agua sobre el pavimento gris de la ciudad.
Sol del amanecer: autos, calles, edificios.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Casas baldias, chaquetas fantasmas, mudos roperos.
Parques solitarios, edificios abandonados.
Hospitales asilos imaginarias prisiones.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Irreparables artículos del hogar:
enceradora, lavadora, aspiradora,
televisor, radio, angustia y pánico.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Pesados abrigos colgados de la cuerda
floja como la tarde que veíamos caer
desde el corto y angosto patio de la juventud.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Libros bajo el parrón de la locura.
Lápices y cuadernos como fármacos.
Perros desvelos de la noche.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Servilletas marcadas con rouge pasajero.
A medias la copa de tristeza sobre el mantel:
despiadados recuerdos, amargas derrotas, torvos reflejos.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.

Guardias de lo sagrado: pan, vino y soledad.
Ronca sombra del nogal enmohecido.
Inexorable bosque negro de la muerte.
No saben lo difícil que es estar en un aeropuerto.


Tienda de caza y pesca

Entro. Miro un escaparate.
De arriba abajo. Rifles negros.
2 tipos tras el mesón: hablan.
Doy la vuelta hacia
el otro escaparate: anzuelos
para la pesca con mosca.
Desde ahí al mesón de vidrio.
Armas, pistolas diferentes.
Veo su valor, las observo con
detención. Los tipos callan.
Luego salgo. Nadie dice nada.
Nadie da las gracias.


Metro

Ando solo en una multitud de amores”
Dylan Thomas

Atestada la gente.
Rostros cansados, enfurecidos,
tristes. Yo de pie frente a la
puerta de salida. Miro mi rostro
en el vidrio y me gusto, me veo bien.
A mi lado una joven rubia, me toca.
Pienso en que quiere que le hable.
Antes había pensado yo en hablarle.
Suben y suben pasajeros. El metro
avanza. El aire sofocante.
Ella se baja en República.
Yo en Universidad de Santiago.


Matías Ellicker




En octubre de 2010 apareció su primer poemario: Derechos y Libertad de los Motociclistas (La Ratona Cartonera, México). Participó en lecturas públicas en aquél país, en 2006 y 2007, en Casa del lago y el Foro Alicia. En 2009 fue antologado en Los broches mayores del sonido (Fondo Editorial de Cultura Peruana), conmemoración de los cuarenta años de Hora Zero, invitado por el poeta Tulio Mora, que integra dicho movimiento desde sus orígenes.  

Afinidades electivas:

Manuel Illanes
Alexis Castillo
José Rodríguez
Fernando Cacho
Kato Ramone
Alejandro Zambra

Poesía:


OTRA HISTORIA VIOLENTA

Venían por el sendero empuñando hachas por sobre
sus cabezas, y los faros de un sedán al tomar la curva
arrancaron destellos plateados de sus hojas. Hasta entonces
no los habíamos visto, estábamos en paz. Pero luego,
aunque acababa de encenderlos, el dependiente
apagó los reflectores de la fachada y desconectó
la máquina de discos, y nos pidió que hiciéramos lo mismo
con las velas que flameaban en cada una de las mesas.
Yo pedí un deseo al soplar la mía, y de golpe me sentí viejo.
Una estrella apareció sobre el aserradero. Comenzaron los hachazos.


VICIO Y VIRTUD

Te sucederá también una noche, cuando joven,
ver el último halo de conciencia deslizarse
por la oscura rama recortada en el relámpago
y luego de horas sólo dar con la pobre metáfora
de una aristócrata en ruinas entregando su anillo
en una casa de empeños, demorándose por la artritis
o los sabañones, no sé, pero un halo deslizándose 
en el vacío trepidante que deja el trueno,
cuando el gallo –otra pobre metáfora–
se provee de vicio y virtud y no podría soportar
una mente bendecida por el conocimiento.
Y te sucederá no sólo una noche, sino cientos,
descubrir que la noche es ya una luz cruda
desperezando cuervos en los nichos inalcanzables
de santos inalcanzables, cuervos que sin vanidad
ocultan sanguinarios y penetrantes ojos
entre profundas plumas azul cobalto. 



LAS DIESTRAS EN QUE CONFIÁBAMOS

Las diestras en que confiábamos
pusieron sus nombres en las listas de caridad
pero luego enviaron un mendrugo de pan agusanado 
envuelto en cintas transparentes
Las diestras en que confiábamos
se lavaron con agua bendita tras hundirse en el flanco del Cristo
y palmearon las charreteras de los altos comandos
charreteras que cegaban el tránsito de los caballos
Las diestras en que confiábamos
firmaron millones de cheques en la oscuridad
para hombres y corporaciones que dijeron odiar en lo claro
Las diestras en que confiábamos
tienen gente que lustra sus zapatos y anuda sus cordones
tal como ellas lustran los zapatos y anudan los cordones
de los que están un peldaño más arriba en la pirámide
Las diestras en que confiábamos
abrieron la aljaba, eligieron la más pulida flecha
y dieron en el blanco de todos los leales juramentos
Las diestras en que confiábamos
jamás se estrechan entre sí
pero a veces entrechocan copas rebosantes de sangre
Las diestras en que confiábamos
confeccionaron un látigo de amenazas que confeccionó
un discurso de mentiras que las llevó a cocer
el último ladrillo en la catedral de nuestras lágrimas
Las diestras en que confiábamos
acarician nuevos F-16 tanques dados de baja por el Primer Mundo
como si acariciaran el flanco de alguno de sus caballos 
y acarician a sus caballos como si acariciaran a sus hijos
los hijos que no acarician más desde que en ellas confiamos
Las diestras en que confiábamos
una vez envejecen en el río de los años
escriben biografías escandalosas
que hacen de Roma un apacible jardín
y escriben guiones para televisión
que les permiten estrechar la helada y brillante mano de la fama
Las diestras en que confiábamos
cosen sus labios y lamentan entre murmullos
que la fama no sea ya lo que cantó Shakespeare
pero detrás de sus labios hay un lobo arrodillado
pero dentro de los bolsillos hay chispas
que hacen con las monedas
recién escupidas por el Banco del Estado
Las diestras en que confiábamos
pasan con un bostezo las páginas nacionales e internacionales
pero se tensan poco a poco y acaban en un franco temblor
al llegar a los valores de la Bolsa
Las diestras en que confiábamos
se llevan pastillas a la boca
que de sólo desear nos significarían excomunión y cárcel
Las diestras en que confiábamos
abren un clóset como el de C. S. Lewis
y sacan un abrigo de piel distinto cada noche
y después de frotar y frotar una verga muerta 
lo arrojan a las patas de la cama
y la vida y los sesos que esos abrigos contenían 
se esparcen por la alfombra como joyas
joyas que no saben que son joyas 
Y llegamos así a otra noche sin estrellas  
aunque nada oculte el cielo
pues además de todo lo dicho
empuñaron hachas y talaron el bosque
las diestras en que confiábamos. 


PEANES Y CANTINAS Y TRENOS

Nunca tan orgulloso como en la hora de su perdición.
Malcolm Lowry
                                  
No es mi rostro el que cuelga a lo largo del Palacio de Cortés
dispuesto a boxear con quien sea en la Arena
ni es mi nombre el que yace bajo los obituarios
envolviendo hígados y pescado crudo esta mañana  
no estoy en este sombrío cuarto de hotel
oyendo los aullidos de las patrullas
reclinado en una silla de mimbre con un rifle entre las manos
ni es humo lo que emerge del cráneo abierto de esta mujer
dispersándose hacia la calle al llegar a las hélices
no fue la calefacción deficiente la razón de herirnos así
ni llamé a recepción poco antes de medianoche
exigiendo el mejor tequila, joven, y la cena más humilde
no yo no fui el que descolgó el teléfono y marcó
después de equilibrar el pulso mientras ella
sollozaba de felicidad envolviendo mi puño en una gasa
y los fragmentos de espejo caían alrededor del tocador
donde escribí peanes y cantinas y trenos en vano en vano y en vano  
yo no recogí no lo recuerdo a ninguna creyente en la última cantina
tras oír la sórdida ternura de taxistas lustradores mariachis
avionetas sobrevolando llanuras en llamas
cañones avanzando sin freno por todos los frentes
ni rompí su delicada blusa en el portal de la iglesia
mordiendo sus pezones hasta hacerlos sangrar
con futuros sacerdotes soñando prostitución y dados
y mendigos susurrando como hienas en las arcadas
ser bastardos ilustres de viejos buscadores de oro   
no es cierto tampoco que haya llegado a esta celda por ebriedad
con dos indios harapientos acariciando la misma gallina
acurrucados en el sitio exacto donde depositaron
sus excrementos y azadas
ni caminé por ninguna carretera soltando blasfemias
pidiéndole por Dios a Dios un par de zapatos nuevos
ni desperté en ninguna zanja cerca de qué plantación
con ocho anillos de plata destellando arriba
sosteniendo para la salvación de mi alma
un interminable libro de himnos
ni estoy en un tren de mercancías que alcancé corriendo
mientras astillas de fuego brotaban de los rieles
y el vino se me iba derramando entre los brazos
como todos hemos de volver a derramarnos algún día
no estoy en esta cabaña de troncos junto al lago
incendiándose y construyéndose y volviendo a incendiarse
donde a veces cuando nieva dejo entrar a los lobos
para que juzguen con autoridad mis versos
la verdad es que nunca amé aquí a nadie ninguna mujer
limpió mis vómitos o me revolvió el pelo con sus dedos
diciendo Eternamente Lo Juro
de hecho lo único que yo recuerdo es esto:
El capitán había anunciado tormenta pero ni él mismo
se lo tomó en serio. La tormenta fue cierta. Y yo estaba
junto al mástil, con una navaja y una cuerda a mis pies,
oyendo a través de las sonrisas muertas de mis compañeros
el irresistible canto de las sirenas.      

Manuel Illanes

  


Nace el 26/12/79 en Santiago.

Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile.
Fue editor y colaborador de la revista Pájaro Verde.

Sus poemas han sido publicados en diversas revistas electrónicas como Cyberhumanitatis, Plagio, 60 Watts, Los Poetas del 5 y Sol Negro (de Perú).

Ha participado en el Primer Congreso de Poesía Chilena del Siglo XX organizado por la Universidad de Chile en 2006, el Encuentro Nacional de Poesía Riesgo País 2008 organizado por la Universidad Austral, el Congreso Internacional de Poesía Chilena organizado por la Universidad Católica en 2009 y el Encuentro Internacional Poesía y Diversidad (es) en América y España organizado por la Universidad de Chile este año.

Publicó su primer libro “Tarot de la carretera” el año pasado.
Afinidades electivas:
-Javier Bello
-Leonardo Sanhueza
-Antonio Silva
-Cesar Cabello
-Rodrigo Olavarría
-Priscilla Cajales
-Felipe Becerra
-Gladys González
-René Silva Catalán
-Georgina Canifrú
-Alexis Castillo
-Matías Ellicker
Poesia:
EL ARTE ZEN DE CAPTURAR UN POEMA

La pupila es un azar, una brújula
que dicta sus puntos cardinales
a los hijos de la Calavera.

La pupila es un azar, una marea
que se concreta en imágenes
como polaroids desechadas por el tiempo.

Imágenes, sustancias asiáticas,
fragantes, malolientes, a veces
                               pavorosas

que acechamos con la torpe
paciencia de un pilpilén
rastreando crustáceos
en una playa tapizada de basuras.

Nuestro tránsito hacia ellas
es húmeda escalera que conduce
a una oscuridad matriarcal,
salón de espejos que confunde
e hipnotiza con el tremolar
                       de sus siluetas:

recuerda si no el despiojamiento
de los niños en las tardes de verano,
toda la mecánica social
resumida en el brillo
de las liendres y los parásitos
                                    muertos.

Cuenta si no los denarios
que reunimos para la cena diaria.

Escucha si no la guitarra
que se afina con sonido ascético,
casi como un acto de meditación,
de pureza desdentada.

Considera si no el hambre.

Las peluquerías.

Los berreos de Marco Valerio Marcial.

El agua helada cuando el gas se acaba.

El jugueteo de los gatos
bajo las palmeras del cité.

Los azogados de la gran ciudad
de Santiago del Nuevo Extremo.

Las palomas en el aire matutino
formando una bandera desgarrada.

La pátina de spray & excremento
sobre los monumentos de nuestros héroes.

El café caliente y las manos
azuladas por el frío.

Las agujas melladas
que hacen crujir la piel.

La sangre destilada, tierno cordero,
con que se prepara el ñachi.

El camafeo engañosamente
transparente, ámbar trizado
de nuestras auroras.

Imágenes todas, materias descentradas,
pavesas que removemos
para reanimar el fuego primero:
es un pez, es un pez el poema
que desciende huidizo por el arroyo del tiempo.


EDAD PAGANA

Cuando la fiesta termina, una pirámide de platos
te aguarda en la cocina, hay botellas vacías
sobre la mesa manchada y vasos a medio
llenar por los cuatro puntos cardinales
                  de la casa. Ceniceros atestados.
La boca está cruzada por estrías como la tierra
que tortura una prolongada sequedad
y una sed malsana, terrible anida en ti,
porque la carne es un pozo cegado por soles
                                                inclementes.
El tiempo bombea nuevamente por nuestras
arterias, circulará sin control por llameantes autopistas.
Tendrás que volver a pagar los impuestos al Demonio
de la sobriedad, su tributo cobrado en especias,
oro y todas los metales invaluables
del espíritu, las riquezas dilapidadas.
De nuevo las preocupaciones, el viento de la mañana
arrojándolas sobre la conciencia como a una legión
de tábanos que arrastrara desde lejanas fronteras,
                                                        cerca del desierto.
La vida para erigir una castillo de naipes
que el sencillo aleteo de una mariposa derrumba.
De nuevo el cuerpo un ancla, un lastre
que nos liga de una vez y para siempre a la ceniza.
De nuevo el cuerpo, territorio cercado, amenazado
por las mesnadas sin número de la Calavera.
Las canciones de Bowie sueños, salvajes sueños
de una edad pagana: cómo desearías escuchar
Rebel, Rebel en tu discman, camino a la eternidad.
La voluta sagrada del pensamiento deshecha,
el alcohol esfumado de la sangre. Un soplo
                                             de Yahvé basta.
Llamadas telefónicas perdidas. Ex­-amigos,
goletas que la noche hundió en sus profundidades.
Cuadernos llenos de garabatos impublicables.
El decálogo en que sobresale una ley: “Compra”.
De nuevo el tiempo, una escudilla vacía que deberás
llenar hasta el tope con trabajo, con ideas, con sonoras
                                            palabras, una lucha sin fin.
Nada de espasmos, nada de risas, nada de iluminaciones
conservadas. Abrazar cansado la Sombra.
La fiesta termina y el resplandeciente horizonte
que contemplabas, tan puro como un recién nacido,
tan puro como las luces de la ciudad entrevistas
en la madrugada,
se oculta tras el espeso telón de la oscuridad. 

NOTAS DEL PARIA

Canto es la penumbra del que tiene ojos sólo para aullar,
no saciedad en la fe de los manes, no
lechuza de la verdad y la noche constelada,

canto es glosolalia de los apóstatas, carretera
transitada en las primeras horas de la madrugada
por ebrios s/ ley, s/ padre o verga sacramentada,
vocabulario de la ansiedad, metálica como la sonrisa de un pederasta,

canto es el sombrío transitar de los cardúmenes
en el pozo de lo que llamamos corazón,
de lo que fue palacio y hoy luce descampado,

snuff movie filmada en los bordes del desierto.

Exilio es canto, reconstitución de escena
tras la vulgaridad de un crimen, notas tomadas al azar.

A 100 km. p/ hora se ve alejarse a los kamikazes
del canto, abandonar este poema y adentrarse
                            en la espesura de los bambúes
tarareando un mantra camino hacia el útero,
las bragas fuera, los gestos s/ futuro
de aquellos que se acoplan para después separarse,
el choque, los cuerpos agonizantes, algo
parecido a una muerte siendo sólo pared de la hoja en blanco.
Aliento entrecortado que apenas rasguña palabras,
sólo la visión de unas costas luminosas
disolviéndose en la oscuridad del tedio,
la mancha seminal que deja el deseo en el papel.

Canto es el desgarramiento de la palabra
“canto” hasta palpar la ausencia que hay en ella,

el bubón que señala el avance de la enfermedad.

El hacha de los exploradores que se abren senda
entre los manglares, los mosquitos y la fiebre amarilla
podría ser también canto, ya que es representación
                                                        de una inútil valentía.

Canto es sobrevivir como animales, como bestias
s/ el soplo de lo bello o lo sublime, sobrevivir
al colapso de los reinos y las antiguas
monarquías, las rotas alianzas matrimoniales.

Canto alimenta a los nuevos mutantes que somos,

es Dante descendiendo de círculo en círculo
porque en la mitad del camino de nuestra vida
nos hemos encontrado en un infierno gris extraviados.

Canto:
-semilla que manos esforzadas hunden en el abismo del tiempo.

Canto:
-espermio intentando fertilizar el vacío con forma de óvulo,
derrotero perdido en el espacio de los coitos.

Canto:

C aricia, confusión, cuestionamiento.
A lfa, absurdo, azar.
N egación, neblina, noche.
T ormenta, torrente, tedio.
O mega, oquedad, oquedad.


 LA SED

Aquella que nos reduce a estatuas de sal en el umbral de las tierras de Gomorra.
Aquella que abandona los manuscritos del dolor sobre nuestras pringadas mesas.
Aquella que ordena a sus siervos: “buscar”, “extraviarse”, únicos mandamientos
                                                      grabados sobre las losas de su Sinaí.
Aquella que defecará sobre nuestra tumba abierta.
Aquella que diserta sobre dios y su innominada vulva, parada en el púlpito de la locura.
Aquella que interpreta los hexagramas y vaticina: “Ku”-destrucción, como si ya
                                             no hubiera bastante caos en nuestras vidas.
Aquella que se jacta de ser soberana en la Babilonia de los días-nadir.
Aquella que nos niega el pan y el agua para que así tengamos que vagar famélicos
                                               por los eriazos, las carreteras de su reino.
Aquella que enterró el cáliz de Cristo en la arena de la más infecta codicia.
Aquella que satura las pantallas del mundo con una imagen, un zoom del gran falo
                                                             erecto de los Capitanes de la guerra.
Aquella que no tiene vástago alguno y aplasta la cabeza de nuestros niños como
                                                           si fueran cucarachas en su camino.
Aquella que recibe la loa y las ofrendas de los jefes de las tribus –el oro y las vanas
                                                                       palabras de los mandriles.
Aquella que no tiene ojos, pero sí una boca afilada con la que devora toda existencia
                                                                                        a su alrededor.
Aquella que milita en  las legiones de Capital.
Aquella que vino a la vida el día de la muerte del Espíritu Santo.
Aquella que lame su propia sombra hasta emponzoñarla –es un alacrán en la perfidia
                                                                                          de los opios.
Aquella que dirige la cuenta regresiva para el Apocalipsis / pero todos los días
                                                                                        morimos, todos.
Aquella que inyecta la morfina del aburrimiento en las cansadas arterias.
Aquella que vive en permanente vaivén & negación.
Aquella que nos sodomiza, pero que nunca será sodomizada por nosotros.
Aquella que llamo Cuchillo de lepra.
Aquella que estranguló a Rimbaud hasta doblegarlo –y los médicos firmaron:
                     “tumor en la rodilla derecha, sífilis”, qué sarta de estupideces.
Aquella que malparió a Adán y toda su descendencia.
Aquella que agita las estrellas –y las eclipsa en el estanque del cielo.
Aquella que anuncia los sismos, los hundimientos del espíritu, como un cometa
                                                              en los tapices normandos.
Aquella que es Tarántula.
Aquella que tiene la prestancia de las putas.
Aquella que conjuga el verbo matar en todas sus formas.
Aquella que no responde a identidad alguna.
Aquella que en la ventolera de los días & en el cristal de las noches & en las dolorosas
primaveras nos enseñó el silabario de la muerte para hacernos vivir, nuestra madre, 
                                                                                                         nuestra sangre.